Mientras muchos californianos luchan por respirar, el negocio del aire de lujo está en auge

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Gregory Malin recuerda la noche en que se dio cuenta de que un soplo de aire fresco podría ayudar a vender una mansión. Era 2009 y había unos 2.8 millones de ejecuciones hipotecarias en todo el país. Malin estaba organizando una fiesta en el coqueto Pacific Heights, de San Francisco, donde su empresa de inversión y desarrollo inmobiliario, Troon Pacific, había comprado una casa por $6 millones para derrumbarla y renovarla como una obra maestra. La convirtieron en la residencia más ecológica de la ciudad y obtuvieron puntos de superplatino en la escala de certificación LEED. Y había llegado el momento de mostrarla.

Una mujer se le acercó y le preguntó: “Oh, Dios mío. ¿Qué haces en esta casa? ¿Produces oxígeno? Me siento mucho mejor en este momento de lo que me sentí todo el año”, recuerda Malin. Había instalado un sistema de ventilación de última generación para la eficiencia energética, pero también mantenía el aire fresco filtrado en movimiento a través del edificio.

Algo le hizo clic. “Mi difunta esposa me miró y dijo: ‘En verdad, el mayor lujo de la vida es la salud’”.

La casa se vendió por más de $13 millones y Malin comenzó a comercializar el aire como un servicio de salud y bienestar, de la misma manera que los constructores de jacuzzis o gimnasios caseros de antaño.

Malin fue un visionario, pero ahora el mundo se está poniendo al día. La atmósfera es cada vez más claramente peligrosa. California atraviesa el gran final de su peor década de incendios registrada, mientras nubes de humo asfixian la mayor parte del estado durante gran parte del último mes. Es probable que la próxima década sea peor, ya que el cambio climático eleva constantemente la temperatura en la costa oeste. Una pandemia mortal persiste, mantiene a la gente encerrada en sus casas o pensando con ansiedad en los aerosoles y el flujo de aire en cada ocasión que se aventuran al exterior.

Para los compradores de los niveles superiores del mercado inmobiliario, la tranquilidad puede adquirirse en forma de sistemas de filtrado de aire de lujo, que mantienen las catástrofes del mundo a raya.

Los clientes de Carl Gambino, un agente de bienes raíces de lujo de Compass, en Los Ángeles, comenzaron a pedir aire limpio como un servicio imprescindible en el último año. “De repente, es un tema de conversación”, señaló. En dos de sus más grandes ventas recientes, una casa de $14.1 millones en el Valle de San Fernando y otra de $23.5 millones en Brentwood, los sistemas de filtración ayudaron a sellar la operación.

Gambino considera que el mercado del lujo en su conjunto ha estado de moda durante la pandemia, ya que los clientes adinerados atrapados en sus casas buscan mejorar su situación. “Ahora siempre están en su hogar; sus hijos también”, agregó Gambino. “La idea es que, si están encerrados y existe la posibilidad de que haya incendios o humo, quieren el mejor sistema de filtración que su dinero pueda comprarles”.

En Delos, una empresa de tecnología y bienestar de bienes raíces, con oficina y sala de exposiciones en Wilshire Boulevard, la demanda de tecnologías de filtración de aire de alta gama se ha disparado. “Creo que, en este momento, no encontrará una sola persona en el mundo desarrollado que no tenga algún conocimiento sobre la calidad del aire interior y los riesgos y desafíos que existen, particularmente con esta pandemia global”, expresó Paul Scialla, director ejecutivo de Delos. “La curva de aprendizaje se ha evaporado, literalmente”.

Pero la comodidad del aire de lujo no es económica. En un proyecto de 12.000 pies cuadrados en el que Malin trabajó recientemente en el Área de la Bahía, solo el costo del sistema de ventilación ascendió a casi $200.000, y los sensores, tuberías, ventiladores y filtros eran la mitad de la ecuación.

El buen aire comienza en los cimientos, expuso Malin, que deben sellarse para evitar el radón o cualquier otro gas que pueda filtrarse desde la tierra (un problema en el Área de la Bahía, donde abundan los sitios contaminados -conocidos como Superfund-) y ventilarse a través del concreto para eliminar cualquier resto acumulado. El interior de una de sus casas está construido con materiales que minimizan la emisión de gases: la pintura y el aislamiento son los riesgos más comunes. Los burletes y la construcción hermética sellan la propiedad y, en algunos casos, se recubre con una membrana protectora adicional.

La ventilación es clave. Cuando es posible, dijo Malin, su compañía construye tuberías que succionan aire de los cuartos de lavado, áreas de basura e incluso debajo del fregadero de la cocina, de modo que cualquier fuente potencial de toxicidad sea neutralizada y reemplazada con aire fresco proveniente del exterior (cuando esa es una opción).

Los proyectos de Malin utilizan ventiladores de recuperación de calor: sistemas que monitorean las condiciones dentro y fuera de la casa, luego activan las rejillas de ventilación y los ventiladores para mantener la temperatura estable con un gasto mínimo de energía. “Nuestras casas cambian el aire entre ocho y 12 veces al día”, relató Malin, y todo ese aire pasa a través de un filtro MERV-13 para capturar partículas.

Un listado reciente de Dvele, un constructor de casas prefabricadas de alta gama, anuncia “filtración de aire eficiente 24/7″ y “sistemas de respaldo de batería y energía solar” para una vivienda de $1.2 millones en Santa Rosa. La compañía ofrece precios con descuento para las víctimas de incendios que buscan reconstruir el área, que fue arrasada por el incendio de Tubbs, en 2017.

Brandon Weiss, director de innovación de Dvele, expresó que las casas prefabricadas les da una ventaja en lo que respecta al control de la ventilación. El entorno de montaje limpio garantiza que no entren humedad o contaminantes en la vivienda a medida que se construye. “Tenemos una cubierta de edificio hermético que no permite el ingreso de contaminantes”, agregó. “El sistema de ventilación es la única conexión del entorno exterior al interior, lo cual nos da más control”.

Las casas de Dvele están equipadas con sistemas de ventilación similares en diseño a las de Malin, con un flujo de aire constante que sale de las áreas que pueden producir humedad o partículas (cocinas, baños, lavanderías) y hacia el resto de la casa, pasando por filtros MERV-15 en el trayecto. Un sistema de ventilación independiente en el garaje funciona a toda marcha para crear presión negativa cuando hay un automóvil allí, así asegura que el escape y el aire exterior no se filtren en la casa.

Los modelos más recientes de Dvele también están equipados con sensores interiores y exteriores, destacó Weiss, que permiten tanto a los residentes monitorear la calidad del aire como que el sistema reaccione dinámicamente a los contaminantes. Las características ecológicas de la casa también contribuyen a mantener un aire saludable: sin la energía solar y la batería de respaldo, el sistema de ventilación sería inútil durante los apagones que a menudo acompañan los horrendos escenarios de incendios, agregó Weiss.

Los bienes raíces ya aprovecharon el aire enrarecido en el pasado: la propia Los Ángeles se pobló gracias a la promesa de unos pulmones más saludables. A fines de los 1800, la calidad del suave aire atrajo a tantas personas tísicas del este que los periódicos de otros estados comenzaron a llamar a la región “el área de la fruta y el sanatorio”.

Pero una vez que la industria pesada contaminante y millones de automóviles llegaron al estado, el precio del aire limpio se incluyó en el costo de los bienes raíces. La clase trabajadora vivía cerca de las fábricas, los puertos y las carreteras; la clase media poblaba los llanos y los valles suburbanos, mientras que los jefes residían en las colinas, por encima de las multitudes que tosían.

El resultado fue una distribución desigual del aire contaminado durante décadas. “Vemos un patrón bastante consistente; las personas negras y latinas están expuestas a niveles más altos de contaminación del aire, particularmente localizada”, indicó Michael Jerrett, profesor y presidente del Departamento de Ciencias de la Salud Ambiental en la Escuela Fielding de Salud Pública de UCLA.

De alguna manera, la pandemia y los incendios vuelven a remarcar lo mismo. El COVID-19 mató de manera desproporcionada a las personas pobres, negras y latinas, también, un estudio de UCLA de 2016 encontró que incluso los incendios forestales provocan enfermedades más agudas en áreas de bajos ingresos cuando el humo cubre la cuenca.

Sin embargo, incluso fuera del mercado de lujo, las regulaciones estatales recientes aseguraron que las casas de nueva construcción disfruten de una calidad de aire algo mejor que en el pasado.

Desde 2010, California exige que todas las propiedades nuevas sean construidas con un sistema de ventilación mecánica -con filtro- para hacer circular el aire, independientemente de si el hogar tiene calefacción o refrigeración central. Según un científico que ayudó a redactar los nuevos estándares, el cambio se produjo en respuesta a un creciente cuerpo de investigación científica que muestra que el aire interior sin ventilación representa un riesgo importante para la salud.

“A mucha gente le gusta pensar que el aire exterior es peor”, comentó Max Sherman, ex científico del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley y miembro activo de la Sociedad Estadounidense de Ingenieros de Calefacción, Refrigeración y Aire Acondicionado. Pero fuera de los escenarios de incendios forestales, “el aire interior casi siempre es peor, porque generamos muchas emisiones en él”.

Los plásticos y los productos químicos de limpieza emiten vapores, las estufas de gas y los hornos escupen los subproductos de la combustión y la cocción en sí puede crear niveles peligrosos de partículas pequeñas, especialmente en la escala de 2.5 micrones, el mismo tipo de las que afectan los pulmones de los californianos durante la temporada de incendios forestales.

Las regulaciones de 2010 en California exigían que los sistemas de ventilación hogareños solo tuvieran un filtro endeble montado en la entrada, apoyado en el principio de que diluir el aire en el interior era suficiente para mejorar la atmósfera, y el filtro estaba allí para evitar que el sistema se ensuciara.

Sin embargo, el año pasado, el organismo estatal que supervisa las regulaciones de construcción mejoró el estándar. A partir del 1º de enero pasado se exige que los edificios nuevos en el estado cuenten con un filtro MERV-13, el mismo que se emplea en muchos sistemas de lujo.

Sherman considera que los nuevos sistemas no siempre se utilizan de forma adecuada. En un estudio, descubrió que varios propietarios de viviendas de California no advertían que sus nuevas casas tenían un sistema de ventilación eléctrico y, a menudo, los apagaban accidentalmente.

El propio Sherman vive en una propiedad del Área de la Bahía de la década de 1960 que fue reacondicionada con un sistema de ventilación mecánica, aunque no pasó por el proceso de sellar todas las grietas y corrientes de aire endémicas de las casas antiguas de California. El día que habló con The Times, el índice de calidad del aire en su área era moderado, de 80; en el interior, con su sistema que emplea un filtro MERV-13, era de ocho, casi impoluto.

Para la mayoría de los californianos que residen en viviendas más antiguas, sin ventilación, consideró Sherman, la mejor opción es un filtro de aire portátil asequible. “Se puede poner uno en la habitación en la cual se pasa más tiempo, y crear así una zona más limpia”, explicó.

Para leer esta nota en inglés haga clic aquí

Via : LA Times


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