El nuevo desorden mundial y sus oportunidades

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Por: Manfredo Marroquín

Después de algún evento histórico de gran magnitud a nivel mundial como lo fueron las guerras mundiales I y II del siglo pasado, se bautizaba un nuevo orden mundial que establecía las reglas del juego entre las comunidades de países. El último ajuste importante de ese orden mundial sucedió con la llamada caída del muro de Berlín que borró del mapa el bloque socialista soviético.

Con el surgimiento de China como potencia económica, militar y diplomática en el nuevo siglo se configura una nueva correlación entre potencias dando lugar a un nuevo escenario aún dominado por turbulencias y desorden.

Este nuevo escenario trae además de riesgos y mucha incertidumbre, oportunidades para países como Guatemala. La primera tarea para potenciar esas oportunidades es reconocerlas y calibrarlas a manera de alinear fuerzas internas y política exterior con la creación de condiciones y capacidades para aprovecharlas.

La actitud hostil de la administración Trump hacia China aplicando aranceles y otras barreras a los productos manufacturados en ese país está provocando que muchas empresas de capital estadounidense empiecen a desmontar sus fábricas y operaciones en China y busquen lugares más cercanos a Estados Unidos minimizando riesgos en la cadena de suministros dado que los inversores estadounidenses buscan diversificar y no seguir dependiente de la que hasta hoy es la gran fábrica mundial.

Guatemala y Centroamérica junto a México son los primeros lugares a considerar para muchas de las empresas que abandonen China dada la proximidad geográfica y por ser una zona estratégica para su seguridad nacional.

Una conclusión preliminar es que, los efectos e impacto de la pandemia y las tensiones geopolíticas serán de significativa magnitud sobre la economía, las cadenas de valor, la producción y el comercio en los ámbitos globales, regionales y nacionales. El escenario pos pandemia será muy distinto a lo que vimos hasta el 2019 en lo que refiere a la producción de bienes y servicios y habrá un reacomodo del comercio internacional.

Guatemala debería estar ya trabajando en atraer inversiones de gran escala, pero para eso debe dar muestras de ser un país institucionalmente serio y confiable.

La política nacional debiera estar subordinada a alcanzar objetivos estratégicos de inversión y desarrollo alineando agendas y prioridades.

Sin embargo, lo que vemos es un sistema político dominado por actores nacionales miopes ante este nuevo escenario internacional de grandes oportunidades que anteponen intereses ligados a negocios de corrupción y cooptación institucional.

Ya sabemos que la captura del proceso para elegir cortes por parte de mafias afecta la calificación país y ahuyenta a potenciales inversores. 

Es hora que los liderazgos sectoriales no alineados al Pacto de Corruptos tome las riendas de la agenda nacional y no deje pasar esta oportunidad de sacar al país del crecimiento económico mediocre y concentrador a que ha estado sometido por décadas perdidas.


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