R.B.G.

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Por: Álvaro Castellanos Howell

Es obligado: dedicar esta columna a una jurista muy ilustre que deja un enorme vacío desde hace una semana. 

Ruth Bader Ginsburg, más conocida popularmente como “The Notorious R.B.G”, tuvo tal trascendencia como jurista, que su influencia se extiende más allá del campo del Derecho. Sus faenas como abogada, y sus decisiones como jueza, tuvieron tal trascendencia, que la convirtieron inclusive en un ícono popular.

Por supuesto, siendo la igualdad entre las mujeres y los hombres su principal campo de acción. Mas no el único. En general, luchó incansablemente contra toda forma de discriminación.

Se han escrito miles de páginas sobre sus proezas, sus hazañas, sus luchas. Hay documentales y películas en su honor. 

El bello edificio de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos de América ha servido como sede de las honras fúnebres que terminan justamente hoy. Y en las noches, el tímpano de la fachada del monumental edificio ha sido iluminado con esta frase: “Rest in Power” (“Descanse en Poder”, en lugar de la tradicional expresión “Descanse en Paz”).

No solamente deja un enorme vacío. Deja un campo de batalla entre Republicanos y Demócratas sobre si debe ser sustituida por otra persona antes de las elecciones del coloso del norte.

No me consta si es cierto, pero medios como ‘BBC’, informaron que esa mujer incansable dejó escrito en sus últimos días que su más ardiente deseo era que no fuera sustituida sino hasta que haya un presidente electo en noviembre. 

Y al parecer, Trump está más que dispuesto a desatender esa petición de última voluntad. 

¿Por qué es tan decisiva la cuestión sobre elegir o no elegir a un “justice” en menos de seis semanas? De hecho, si se lograra elegir a la sustituta (casi seguro sería una mujer) antes de que los estadounidenses decidan si el actual presidente continúa por 4 años más, se estaría batiendo el récord de ese proceso. Vale la pena recordar que el Presidente tiene amplios poderes para nominar a quien desee, y el Senado es quien confirma o no, dicha nominación.  Un proceso de esos dura normalmente de tres a cuatro meses. A veces mucho más.

En EE. UU. se eligen a los jueces por sus presuntas formas de aproximarse y decidir sobre cuestiones vitales de la vida de esa nación. O son conservadores (la preferencia republicana), o son liberales (la preferencia demócrata). Y es fascinante ver cómo eso no afecta su deber de imparcialidad e independencia. Hay una gran honestidad intelectual, que exhiben con sus razonamientos. 

La respuesta a la pregunta anterior sobre cuál es la urgencia de elegir a la nueva jueza, es porque los Republicanos desean que el máximo tribunal federal del país tenga inclinación conservadora por muchas décadas (si lo logran, habrían 6 conservadores, de un total de nueve magistraturas), y así, poder desmontar o hacer a un lado decisiones judiciales sumamente importantes en muchos temas de la vida política, social y jurídica del país que han sido dictadas con influencia liberal. Un ejemplo claro es el caso Roe v. Wade, sobre el agudo y espinoso tema del aborto.

Se esfuma la presencia física de esa mujer divina que a sus más de 85 años seguía haciendo ejercicio y luchando contra un infame cáncer pancreático, con tal de sobrevivir a la presidencia de Trump. Los Republicanos al parecer, están alineados para contradecirse totalmente cuando impidieron que Obama eligiera a un magistrado justo en su último año de presidencia, luego de la muerte de Antonin Scalia. Bien soportarán la vergüenza del doble rasero, a cambio de legar una Corte conservadora para muchas generaciones. 


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