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Opinión

Las repercusiones de la irresponsabilidad

La mayoría argumenta que estamos en una crisis inflacionaria que empezó con la pandemia, pero realmente sus raíces vienen de mucho atrás.

IDEAS

Las decisiones que se tomaron para “salir” de la crisis de finales de la primera década del siglo XXI fueron las “primeras piedras” de la crisis actual. Ciertamente, la pandemia incrementó la velocidad de la crisis, pero los cimientos ya venían de años atrás.

Ahora que, finalmente, se están viendo los efectos de la inmensa emisión monetaria en casi todos los países, los principales responsables declinan la autoría —muchos se ocultan esta semana, por cierto, en un “agujero” de Wyoming— y le echan la culpa a la pandemia, a la crisis logística y a la guerra en Ucrania, factores todos que algo contribuyeron a la crisis actual, pero que no son la razón principal. La inflación siempre tiene raíces monetarias, y estas, a su vez, generalmente están vinculadas con el irresponsable manejo de las finanzas públicas por parte de los gobernantes.

Y ahora que la situación se está tornando inmanejable, se empiezan a ver otras consecuencias, como la crisis de deuda en la mayoría de los países. Según un informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) publicado recientemente, “un 60 por ciento de los países de bajo ingreso está inmerso o a punto de caer en una situación crítica causada por el sobreendeudamiento público, en comparación con aproximadamente un 20 por ciento hace una década”.

Es decir, a la crisis de inflación también hay que añadirle una incipiente crisis de deuda que podría llevar a muchos países en Latinoamérica —en el mundo realmente— a un escenario similar al de la “década perdida” de los ochenta.

Pero las razones siguen siendo las mismas. Los excesos del Estado Benefactor/Mercantilista tarde o temprano llevan a este tipo de crisis, que lamentablemente solo sirven para medio corregir el rumbo, pero como no se arregla el problema de raíz, estamos condenados a repetir el ciclo cada tantas décadas.

La inflación muy probablemente continuará subiendo en muchos países, lo que ha llevado a los banqueros centrales de los países desarrollados a tratar de contenerla a través del incremento de las tasas de interés y de recoger liquidez. Quien más fuerte se ha movido en ese sentido ha sido la FED de Estados Unidos, lo que ha tenido la consecuencia adicional de “fortalecer” al dólar frente a casi todas las demás monedas, al grado de llevar al índice del dólar —DXY o Dixie, como algunos le dicen— a su punto más alto en 20 años.

Esto, a su vez, tiene varias repercusiones sobre los países endeudados, porque la gran mayoría de su deuda externa está denominada en dólares. Por un lado, la tasa de cambio de sus monedas contra el dólar seguramente está cayendo, y por el otro las tasas de interés en dólares están subiendo en el mundo, con lo que el costo del servicio de su deuda se incrementa simultáneamente por los dos lados. Y como un tercer golpe está lo que subraya el FMI, que al llegar a niveles cada vez más inmanejables los países ven cómo los inversionistas pierden confianza en sus bonos y demandan tasas de interés mayores. Todo eso se convierte en una tormenta perfecta para que muchos países caigan en default. De allí que sea importante tomar las precauciones del caso a sabiendas de que la crisis en la que estamos puede durar mucho tiempo.

Algunos vaticinan que la carrera del Dixie podría estar terminando, pero no veo cómo podría detenerse cuando la mayoría de otros países están en una situación similar o peor que EE. UU. Un caso aparte es Guatemala, que si el Banguat dejara de manipular el tipo de cambio, a diferencia del resto del mundo, el tipo de cambio del quetzal probablemente se apreciaría con relación al dólar, pero hasta la fecha siguen tomando decisiones que lo mantienen “estable” artificialmente. ¿Cuándo aprenderán?

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