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De estudiantes a espias: como rusia usa activistas para sus trabajos de inteligencia.

Panorama
Entrevistas con varios activistas rusos muestran como rusia los utiliza para los trabajos de campo.

Mikhail Sokolov sabe que los agentes de Rusia podrían estar vigilándolo: dice que espió a sus propios colegas activistas para Moscú durante años.

Ahora dice que está buscando asilo en Países Bajos, mientras camina cautelosamente por los canales de Ámsterdam, contando sobre su reclutamiento como informante, su traición a los grupos de oposición a los que se unió, y por qué salió.

Si creemos sus palabras, realmente piensan que la CIA está intentando facilitar una revolución en Rusia y que Navalny es un agente de la CIA”, dijo Sokolov sobre el FSB, el servicio que sustituyó a la KGB cuando cayó la Unión Soviética. “Despliegan enormes cantidades de recursos y esfuerzos para que no se produzca la revolución en Rusia. Buscan un enemigo extranjero”.

Dice que el FSB también está “obsesionado” por saber quién podría suceder a Alexey Navalny, envenenado y ahora encarcelado, como líder del movimiento opositor del país.

Las revelaciones de Sokolov arrojan una luz poco frecuente sobre el funcionamiento interno del hermético servicio de seguridad del Kremlin y se enmarcan en una serie de recientes deserciones de Rusia desde la invasión de Ucrania.

Se han puesto en contacto con el FSB y la CIA para que comentaran esta historia. El FSB no respondió y la CIA declinó hacer comentarios. No se ha visto ninguna prueba creíble o afirmación de que el Gobierno de Estados Unidos esté involucrado en el movimiento de la oposición rusa.

De estudiante a espía

Sokolov dijo que era un “estudiante normal, de 19 años,” en 2016 cuando se involucró por primera vez en el activismo político, uniéndose al Partido Comunista Ruso, esencialmente un grupo de oposición sancionado por el Kremlin en la Rusia moderna, y haciendo campaña contra cuestiones como el aumento de las tarifas del transporte público.

Pero también lanzó sus propias investigaciones independientes contra la corrupción de funcionarios locales, lo que puede haber atraído cierta atención oficial.

“La Rusia de ahora y la de 2016 son dos países diferentes”, dijo. “Entonces podías ser activista y estar a salvo. No estoy ciego, veo qué problemas tiene mi país, mi gente. Veo cómo vive Europa. Me motivaba ver mejorar mi país”.

Pero mientras se dedicaba al activismo, también esquivaba su servicio militar obligatorio y Sokolov dice que así fue como el FSB lo señaló.

“Me llamaron para una reunión con el jefe de la Oficina de Alistamiento Militar, donde me recibió un agente del FSB. Me dijo que me habían estado siguiendo durante algún tiempo y me dio a elegir: aceptar cooperar o ir a la cárcel durante dos años”.

Sokolov dijo que tenía miedo a la cárcel, donde abundan las acusaciones de abusos, y decidió que aceptar el trato era su única salida.

Vigilando el dinero de Navalny

Al cabo de un año, en 2017, Sokolov empezó a trabajar como voluntario en la campaña anticorrupción de Navalny, según dijo. En 2021 ya formaba parte del personal de la organización y compartía información clave con el FSB.

A veces los intereses del FSB parecían alinearse con los suyos.

“A nivel regional sí están interesados en los funcionarios corruptos”, dijo Sokolov. “A nivel nacional les interesa saber quién financia la campaña de Navalny. Tienen la teoría de que estamos financiados por la CIA”. Sokolov dijo que no vio ninguna prueba de la financiación de la CIA durante el tiempo que trabajó con la campaña de Navalny, y el propio Navalny siempre ha negado categóricamente cualquier vínculo con la inteligencia estadounidense.

Mientras el Kremlin intensificaba la represión de los disidentes en su país, Sokolov dice que fue enviado por sus superiores del FSB a la antigua república soviética de Georgia para infiltrarse en la creciente comunidad de expatriados rusos que escapaban de la represión. Una vez más, dice Sokolov, el FSB parecía muy preocupado porque la CIA estuviera reclutando rusos.

“Pensaban que los servicios de seguridad georgianos estaban reclutando a miembros de la oposición bajo la dirección de la CIA estadounidense”, dijo Sokolov, aunque de nuevo no vio ninguna prueba de que esto ocurriera.

Sokolov dijo que nunca creyó que lo que hacía el FSB fuera correcto y que su trabajo para ellos era una “enorme carga”. Pero aun así llevó a cabo sus misiones durante más de cinco años.

La guerra cambió la misión y las mentes

Otro joven activista contó una historia similar de reclutamiento coaccionado y, luego, de exigencias del FSB.

Vsevolod Osipov era miembro del marginal Partido Libertario de Rusia cuando fue abordado, aunque dijo

que pensaba que la organización era demasiado pequeña e insignificante para merecer la atención del servicio de seguridad.

Pero después de ser detenido, en mayo de 2021, en relación con una protesta anterior contra la detención de Navalny, Osipov –entonces con solo 19 años– aceptó espiar a personas y grupos rusos opuestos al Gobierno del presidente Vladimir Putin a cambio de evitar la cárcel.

“Tenía varias tareas”, dijo. “Tenía que reunirme con personas concretas, familiarizarme con ellas. Por ejemplo, el líder del Partido Libertario de Rusia, Yaroslav Conway, o el coordinador principal de la Fundación Rusia Libre en Georgia, Anton Mikhalchuk”.

Una vez más, había un gran interés en saber qué participación externa, si es que la hay, podría haber de las organizaciones de inteligencia occidentales.

“Había otras tareas más complejas: averiguar si hay alguna cooperación con Occidente o averiguar qué estaba ocurriendo entre bastidores en una determinada organización, si la oposición está trabajando para los servicios especiales estadounidenses o de otros países”, dijo.

Osipov dijo que él también fue enviado a Georgia, donde le dijeron que vigilara las opiniones de la comunidad rusa, especialmente sobre la guerra en Ucrania y cómo otros países y organizaciones no gubernamentales estaban ayudando a los refugiados ucranianos.

“En cuanto empezó la guerra, mi superior me pidió que averiguara qué piensa la comunidad en general sobre la invasión de Ucrania”, dijo. “El FSB también se interesó por cualquier cooperación con los servicios de seguridad occidentales o por si alguien está recibiendo financiación del extranjero”.

El temor era siempre el peligro que podía haber para el Kremlin y Putin, dijo.

“Los servicios de seguridad rusos conocen muy bien la historia de nuestro país”, dijo Osipov. “Cuando surge una enorme comunidad de migrantes en el extranjero, donde la gente habla libremente entre sí, trabajan en proyectos juntos, ayuda a los refugiados ucranianos, básicamente crea una mini Rusia en el extranjero, que no está bajo el control del FSB; tienen miedo de que la historia se repita como en 1917, cuando Lenin llegó a Moscú y comenzó una revolución”, añadió.

“Tienen miedo de que su régimen se vea afectado ahora durante esta guerra”.

Dice que habla ahora para intentar enmendar algunos de sus errores y quizás ofrecer algo de protección a su madre, que sigue en Rusia.

“Realmente quiero volver a casa”, dijo. “No odio al país, sino a nuestro Gobierno”, añadió Osipov.

De vuelta en Amsterdam, Mikhail Sokolov dijo que fue la conmoción por la invasión rusa de Ucrania, el 24 de febrero, lo que superó sus temores de repercusiones y le obligó a dar la espalda al FSB.

“Odio la forma en que está Rusia ahora. Odio todo lo relacionado con Rusia ahora, el hecho de que hayan comenzado la guerra contra nuestro pueblo hermano, mi pueblo hermano”, dijo