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Opinión

Guerra de siete días ya llegó a 29 semanas

La guerra iniciada por Rusia al invadir Ucrania hace siete meses, el 24 de febrero, hace 29 semanas y cuatro días, demuestra el fracaso de la optimista predicción de Vladímir Putin de lograr una victoria a los pocos días; de ser bienvenidas las fuerzas invasoras, y de haber poca voluntad de lucha de los ucranianos por defender su tierra hasta la muerte.

CATALEJO

Ese nuevo Goliat se enfrentó a un David, pero bien armado y dispuesto a pelear sin dar ni pedir tregua con armas propias y con poderosos amigos deseosos de darle piedras para su honda. Se comprobó cómo la prensa independiente permite disminuir los efectos de la propaganda, aunque no borrarla. La primera baja de toda guerra, la Verdad, quedó herida, pero no ha sido posible matarla.

Algunos hechos notorios demuestran la realidad militar rusa desde el hundimiento del buque insignia y crucero de misiles Moscú, y afianzada con la muerte en acción de varios generales y con las filmaciones de la destrucción de aviones y tanques debido a los misiles otorgados por Occidente. Los ucranianos se han adelantado y hablan de los varios miles de millones de dólares necesarios para reconstruir las ciudades destruidas gracias a una estrategia rusa de matanza de civiles diseñada para minar la voluntad popular. Fue contraproducente para la aceptación en el resto del mundo de las acciones rusas, así como los ataques a lugares cercanos en la planta nuclear y el tema del gas para Europa. Según Occidente, comprueba la mala asesoría de inteligencia para Putin.

La increíble exactitud de los rockets de pocas dimensiones y peso, sostenidos al hombro por soldados, parecen anunciar el fin la era de las marinas de guerra y las fuerzas aéreas. Es una nueva forma, hasta hace poco impensable. Un hombre puede ir con solo un proyectil de pocos miles de dólares de costo y puede destruir, exceptuando a los portaviones, naves bélicas necesitadas de miles de millones para ser construidas. Según informes internacionales, han sido destruidos 208 aviones, 174 helicópteros, 1,358 tanques, 3,300 blindados, 13 barcos, 515 drones y 120 misiles, en varios combates grabados por las cámaras de TV. Los rockets usados por Ucrania superan en exactitud a los de la Guerra del Golfo hace 22 años. La despiadada matanza de civiles y los entierros clandestinos generan rechazo.

Por aparte, las fotos y videos de miles de refugiados ucranianos afectan el espíritu de los invasores, al ver hospitales, escuelas y orfanatos usados como blancos de guerra, mientras en Rusia empiezan protestas y el gobierno casi no informa de una guerra peleada a 1,800 kilómetros de distancia. El acercamiento con la enigmática y pragmática China no logró promesa de apoyo incondicional, puede verse como debilidad y eso podría —solo podría— facilitar el inicio de las negociaciones. Las recientes victorias al recuperar áreas ocupadas por Rusia le han dado confianza a Ucrania, cuyos líderes aceptan reuniones de paz pero exigen la salida de las tropas rusas y la discusión de quién pagará la reconstrucción de un país con el 30% de su infraestructura civil destruida.

La semana pasada hubo una videoconferencia con la prensa nacional entre Oksana Dramaretska, embajadora de Ucrania para la región, y Ruslan Spirin, representante para América Latina, ambos con la meta de obtener apoyo en los foros internacionales, y lo solicitaron. Esta guerra repite la Historia: Rusia se enfrentó a varios países, algunos con armamento superior, y está en problemas. El frente interno está agitado, en una acción con muy pocos precedentes en un país acostumbrado a ver victoriosos a sus líderes, según reportes de prensa internacional. Ya el panorama no muestra una fácil victoria rusa. Mientras, el invierno duro e implacable invierno acecha: atacó y venció a los ejércitos de Napoleón y de Hitler. Ahora, irónicamente, puede afectar a Putin.

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