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Opinión

La Guatemala de Sísifo (o ¿qué estamos pagando?)

Homero escribió su Odisea hace 29 siglos y en ella incluyó el mito de Sísifo, personaje obligado, en el infierno, a empujar una piedra enorme cuesta arriba por una ladera empinada. Antes de que Sísifo alcanzara la cima de la colina, la piedra siempre rodaba hacia abajo y él tenía que comenzar a empujarla de nuevo desde el principio, por los siglos de los siglos.

ALEPH

Sísifo, que había sido rey, padre de Odiseo, fundador de los juegos ístmicos, promotor de la navegación y el comercio, era también un asesino, un mentiroso, un avaro y un corrupto. Se cuenta que, desde los tiempos de Homero, Sísifo tuvo la fama de ser el hombre más astuto entre todos, al punto de que cuando Tánatos (la muerte) fue a buscarlo, Sísifo lo esposó. Finalmente, y gracias a la fuerza de Hermes, fue enviado al inframundo, donde su castigo sería empujar la piedra.

Siempre que veo lo difícil y agotador que es lograr algo bueno en Guatemala, pienso en el mito de Sísifo. Cambiando algunos protagonismos, Guatemala termina siendo el infierno donde reina el pacto de corruptos, la piedra es nuestra esperanza en permanente alza y caída, y Sísifo el símbolo de una sociedad castigada secularmente en el inframundo. Quizás Homero no supo que Sísifo nunca pudo llevar la piedra a la cima porque el pacto de corruptos estaba parado en lo más alto, casi sin dejarse ver, empujando la piedra con el pie.

Ejemplos, sobran. Por décadas, levantamos la esperanza de salir de los cuerpos ilegales y aparatos clandestinos de seguridad en el país, y hoy vemos rodar hacia abajo la piedra al ver su recomposición, sobre todo después de expulsar a la Cicig del país y reinstalar en puestos clave a operadores del averno. Por décadas, hemos sostenido que sin nutrición, educación, justicia, oportunidades, seguridad y salud en la infancia y adolescencia, este país no sale adelante, pero hoy la piedra es tan pesada que nos coloca en los últimos lugares del mundo en estos indicadores.

A la democracia por la vía del voto no hemos llegado nunca, porque el peso de la piedra nos ha recordado, mientras va en caída libre hacia abajo, que en Guatemala ni hay democracia, ni hay voto que nos lleve realmente elegir los mejores liderazgos, ni hay un sistema electoral y de partidos que permita un juego limpio y verdaderamente democrático. Y una de las piedras más pesadas y tortuosas es la pobreza, que en Guatemala afecta a más de dos terceras partes de la población, mientras que el gobierno que nos endeudó entre 2020 y 2022 por más de 50 mil millones (y quiere aún más préstamos), nos obliga a pagar solo en intereses más de Q33 millones diarios.

En el camino que intentamos recorrer para ser un país democrático, el último revés que quiere ver la piedra rodando hacia abajo es la consulta que se hiciera el pasado 18 de septiembre en Asunción Mita, Jutiapa, para decirle un sí o un no al proyecto Cerro Blanco de la minera que amenaza con destruir el territorio. De manera transparente, legítima y legal, el 87.98% de los votos fueron para un contundente NO que llevó la piedra a la cima, pero el pie del pacto de corruptos está empujando fuerte para darle el empujón que la haría caer. Y ese pie es el comunicado publicado inmediatamente después de la consulta por el Ministerio de Energía y Minas, donde declara que el gobierno no reconoce la legalidad ni el carácter vinculante de la consulta realizada. Las razones, todos lo sabemos, son económicas, y para ello le tuercen el cuello a la política y a los marcos legales. La piedra está en la orilla.

Soñamos con segundas primaveras por las que luchamos todos los días muchas personas, dando lo mejor que tenemos a este inframundo llamado Guatemala. Empujamos piedras pesadas hacia la cima, con la esperanza de obtener justicia, verdad, paz, seguridad, comida, techo, salud, educación, oportunidades y una vida digna. Pero el pie está allí, sin dejarse ver, y en cualquier minuto empuja la piedra.

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