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Opinión

Musk: un claro riesgo para la libre expresión

El archi-super-mega-millonario Elon Musk, el hombre más rico del mundo, gastó US$44 mil millones —apenas un 18% de su inmensa fortuna de US$244 mil millones— para comprar la plataforma Twitter, utilizada a diario por 396 millones de personas, e ingresó al grupo de quienes, aunque no lo admitan o no se hayan dado cuenta, desean controlar según sus propios criterios la información política e ideológica.

CATALEJO

“El pájaro volará libre”…, dijo (referencia al símbolo de la empresa). De inmediato, la Comisión Europea expresó: “Volará según nuestras reglas”. Es un “absolutista (sin límites) de la libre expresión y considera su misión hablar a líderes políticos mundiales para expresar su verdad sin rodeos ni conciencia de sus posibles devastadores efectos.

Ha conversado con Biden y también con Putin sobre su plan de paz Rusia-Ucrania, la cual debe ser anexada, con aplausos del Kremlin y furia de Kiev; China Roja debe tener control parcial de Taiwán. Ideas peligrosas para la paz mundial, reflejan coincidente con su fortuna. Declaró su plan de liberar las cuentas suspendidas de Twitter “por razones menores y dudosas”, un escenario muy amplio, pero en la práctica lo en realidad importante es su relación con Trump, suspendido indefinidamente por el anterior Twitter. Creará un “consejo de moderación de contenidos”, sin decir cuándo, y grabó un video al momento de reinstalarlo personalmente, respondido por el beneficiado con el mensaje “tu presidente favorito está de regreso”, sin decir si utilizará ese nuevo Twitter.

A tres días de la adquisición, ya hay consecuencias. General Motors suspendió sus anuncios hasta no saber las nuevas normas, no anunciadas. Su absolutismo por la libre expresión choca con el criterio de su amiga China y sus socios Arabia Saudita, Qatar y Dubái, donde esta brilla por su ausencia. Falta conocer las reacciones y consecuencias de su “gusto por los noticieros rusos, con mucha basura pero buenos argumentos”. Han surgido mensajes de odio, racistas, antisemitas y de incitación a la violencia, como si algunos usuarios lo estén retando. A mi juicio, pateó el panal de las amarillas avispas guitarrones, grandes y mortíferas. Debido a la instantaneidad de la tecnología de comunicación, las horas son años, y las expectativas son igualmente veloces.

Nadie duda de la asombrosa capacidad técnica de Musk, un “nerd”, por ello persona muy inteligente, dedicada al estudio, con poca habilidad de comunicación, tímida, retraída, de amplio vocabulario, víctima de acoso escolar o marginación. Por ser nuevo, no parece entender algo fundamental: todo medio de comunicación necesita normas, porque tiene el derecho y la obligación con la sociedad de no divulgar mentiras, insultos, falsedades, falacias. Es complicado y no siempre se logra, pero la libertad absoluta en este campo también da municiones a los enemigos del conocimiento de verdades distintas a una Verdad política, ideológica, religiosa, y demás. Los próximos días serán fundamentales para conocer si hay criterios sólidos o si son simples ocurrencias.

Las matemáticas dan datos asombrosos. Esos 44 mil millones de dólares, puestos en una línea de US$1, significan 6.6 millones de kilómetros, es decir, once viajes ida y vuelta a la Luna. Si fuera deuda y se pagaran US$2 millones diarios, se necesitan 60 años antes de cancelarla, nueve años más de su propia vida. La fortuna total de Musk suma cinco veces tales cifras. Sería un supersanto si no cayera en la tentación de convertir ese acceso mundial a la libre expresión en algo dependiente de sus opiniones e intereses económicos. Como toda libertad, la de expresión necesita límites. No cabe justificar la validez de hacer depender cualquier criterio político, social o económico a la voluntad omnímoda de alguien, aun cuando sus intenciones parezcan válidas.

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