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Opinión

COP 27 ¿Sin esperanzas?

Hoy finaliza la 27ª conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que se llevó a cabo del 6 al 18 de noviembre en Sharm El-Sheikh, Egipto. La importancia de este evento radica en que nuestro planeta está en una emergencia climática nunca antes vista, que ha sido descrita como un apocalipsis, y las decisiones que se tomaron allí nos afectarán a todos.

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Este evento reunió a jefes de Estado y de Gobierno, además de diplomáticos de 200 países y el número récord de 40 mil presencias, entre representantes de ONG, sociedad civil, académicos, científicos, periodistas, sector privado y defensores de derechos.

El objetivo fue tratar de acordar las propuestas concretas sobre cómo implementar los objetivos del Acuerdo de París (COP21) de 2015 y los compromisos de la comunidad internacional para enfrentar el cambio climático. Aunque realmente ha generado muy pocas expectativas, en cuanto a que las propuestas puedan ser realizables y no se queden simplemente en palabras. El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, hizo sonar la alarma durante su discurso en la apertura de las intervenciones de los líderes mundiales: “Estamos en un camino que conduce al infierno, necesitamos un pacto entre países ricos y pobres para la reducción de emisiones”.

Y con razón no se resuelve nada, porque, por un lado, están los intereses y ambición de los países ricos y más desarrollados, responsables del mayor porcentaje de contaminación global, y por el otro, la angustia de los países más pobres del planeta, pagando la factura y las consecuencias de esta emergencia climática, siendo arrasados con los desastres naturales. Por ejemplo, entre los grandes ausentes estuvo el presidente de China —el país más contaminante del mundo—, Xi Jinping. Esta cumbre saturada de discursos seguramente no tendrá resultados concretos ni cumplimiento de los compromisos, como ha pasado con las anteriores. Mucho menos por los mayores contaminadores del planeta (Rusia, China e India), a quienes, en este momento político, lo que menos les importa es la emergencia climática.

Ya es tiempo de que las naciones y las personas entiendan que las escenas devastadoras que estamos viendo en los últimos días no son películas de Hollywood, sino hechos reales, donde miles de personas están sufriendo y perdiendo la vida. Hasta hace solo algunos años eran solo los modelos matemáticos los que predecían que el clima del planeta estaba cambiando, pero hoy ya es una realidad. Nos estamos enfrentando a fenómenos climáticos cada vez más extremos, frecuentes y devastadores.

La comunidad científica es unánime al señalar que son las actividades y la actitud humana las responsables de esta emergencia. Estos cambios hacen que sean cada vez más frecuentes las inundaciones, las sequías, la inestabilidad hidrogeológica, la propagación de enfermedades, la crisis de los sistemas agrícolas y del agua, así como la extinción de especies. A pesar de que el mundo está al borde del abismo, estamos haciendo muy poco o nada para frenar esta catástrofe. En el tema del cambio climático, se agotó el tiempo, ya no podemos seguir solo escuchando un palabrerío inútil, con lindas y costosas cumbres donde nadie quiere ceder. En lugar de esto se necesitan acciones concretas que resuelvan el problema. Está claro que, aunque es necesario una discusión profunda para buscar soluciones, hemos venido escuchando lo mismo desde hace varias décadas. Si al clausurar esta cumbre no inician de inmediato las estrategias y la ejecución, entonces no sirvió de nada. Recordemos que aquí está en juego nuestro planeta y la vida de millones de seres humanos, aquí no hay plan B.

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